miércoles, 4 de mayo de 2016

Copiona gestual



¿No os ha pasado nunca estar en una reunión o en una comida y sin querer empezáis a imitar los gestos del que tenéis en frente? 

A mi es una cosa que me parece muy curiosa y a la que me doy cuenta, entonces, me empiezo a poner nerviosa porque no quiero que la otra persona se dé cuenta, lo que aun es peor porque empiezo a moverme como si tuviera el baile de San Vito. Para un lado, para el otro, ay, no que ahora él también cruza los brazos, vaya otra vez los dos con los dedos entrelazados, anda que también es de los que le dan a la pierniecita tic-tic-tic y asín un no parar de gestos involuntarios que si nos viéramos en cámara rápida nos haríamos un hartón de reír. 

A ver, no es que me parezca de mala educación ni nada, que ya digo que son más bien actos reflejos gestuales con las manos, el cruzar de piernas y esas cosas pero claro si a mí un tipo se me pone delante hacerme el espejo como si fuéramos niños chicos pues un poco un poco de rabia sí que me daría, la verdad.

Me acuerdo que en una ocasión, en una clase donde éramos poca gente y estábamos sentados en círculo, un chico de huevera prominente y tendencia a estirar siempre las piernas, de vez en cuando, se reubicaba el tema para acomodarse y aquí la presente imitadora profesional un día se vio con la mano en el triangulillo de su amor olvidado y no veas el apuro que pasé. De señorita finita y educada mucho no quedé. 

Y es que quizás no es muy normal lo de ser una imitadora gestual, quizás es que solo me pase a mi porque yo no veo a la gente haciendo el monito delante de mi simplemente porque en ese momento me pica la nariz.

También hay situaciones límites en las que creo que mi inteligencia sabe que no debe imitar aunque patine un poco con el tema rascahueveras, por ejemplo, si alguien se muerde las uñas jamás se me ocurrirá meterme una en la boca porque me da un asco terrible o otro ejemplo muy claro sería en los semáforos a los hurganapias otra asquerosidad que ya no solo por el casco sino por sentido común evitaría bastante.

Así que si un día me veis rascándome la cabeza porque ese día estás delante de mí y has decidido en último momento no lavarte el pelo y te pica no es que lo haga para pronunciar lo marrano que eres y que dejes de buscarte los piojos es que se me va la mano en empatía gestual.

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